Parafraseando un poco el tema anterior me permito escribir algo como respuesta a una pavada que no paro de escuchar, pero viendo de la boca de quien sale esas palabras confieso, también, que no me sorprende demasiado, ni poco.
Hace varios meses la población se sintió poco conmocionada por la muerte de un joven a manos de la victima de su robo que lo embistió con el auto, esto no me sorprende ni me repudia, pero acto seguido a esto, la autora del homicidio, Mariela Galindez, previo juicio pertinente, fue condenada a 8 años de prisión, y tras esto la indignación que escucho ahora, que me causa indignación y repudio a mi.
Escuche respuestas de la más variada argumentación pero siempre de la misma estúpida naturaleza, desde justificaciones a la venganza de la victima, hasta defensas que recaen en el merecimiento de muerte de la victima, a los primeros le respondo que la calidad de venganza de la pena impuesta al autor de un delito termino antes de que para nosotros nazca Jesús.
Mientras que a los segundos, conscientes de que la calidad de venganza en una pena dejo de ser tal en los tiempos del nacimiento del supuesto hijo de Dios, no hace falta que les diga que se pusieron en el papel de el, y no entiendo donde se creen merecedores para establecer quien merece vivir y quien no. Además de esto, y no como una defensa a lo que en el lenguaje “popular” se llama “derechos del delincuente”, creo un poco extremo que una persona humilde, que robe, sea condenada a muerte, quizás en mi forma de pensar una vida vale un poco mas que un objeto material, pensamiento que hoy no tiene mucho correlato, y en la mayoría de las ocasiones choca con la realidad.
Encontrando una especie de analogía con el postulado anterior sigo sin entender el pensamiento de este conglomerado de gente, mal denominado pueblo. En este país cuando una persona de condición económica baja roba se merece la muerte, y si por esas casualidades la victima del robo ejerce, como en el caso de Mariela Galindez una venganza personal, este mal denominado pueblo apoya esa acción diciendo que la victima de la muerte era merecedora de la misma por robar. No se les ocurrió, que quizás, esa persona robaba por su condición económica y necesidad y no por gusto, no se les ocurrió quizás que esa persona que robo tuvo la mala suerte de nacer en una familia humilde, casi indigente, lo que limito su oportunidad de vida, casi estableciendo desde su nacimiento que en el futuro no se iba a encontrar con más posibilidades que la delincuencia. No se les ocurrió quizás que el conglomerado de gente que vive en esas condiciones es fruto de las malas decisiones políticas, y somos nosotros, que tuvimos la grata chance de asistir a un colegio, universidad, etc. Sin tener que estar preocupados como ellos en trabajar o en llevar de comer a su casa, quienes estamos en mejores condiciones de elegir a los que van a manejar el país, pero por estar ocupados en importantes actividades decimos que la política no nos interesa, que es siempre lo mismo, convirtiéndonos en cómplices de la situación del país y porque no, en los que delimitamos la posibilidad de vida de muchas personas, para posteriormente decir que esas mismas personas, a las cuales le elegimos indirectamente la delincuencia como medio de subsistencia para posteriormente decir que por robar se merecen la muerte.
Más llamativo me parece que las personas que cometen robos de poca monta como la victima de Mariela Galindez, sean merecedores de justicia por mano propia, pero los políticos, magnates y empresarios que roban y ocasionan la indigencia de miles de personas quienes después son los que en la mayoría de los casos se convierten en ladrones, caminan al lado nuestro sin que quisiera nos percatemos de la magnitud de sus acciones. Claro está, en el país este la justicia por mano propia es dirigida a chicos vestidos de joggings, gorra y remera rota, no a adultos que manejan BMW y andan de traje Armani. Como el pos anterior de solidaridad, pero a la inversa, la justicia en Argentina, también es solo para algunos.
Me parece pertinente transcribir un fragmento del impresionante libro Utopía, de Tomas Moro, lo que ojalá nos haga recapacitar de la trascendencia de nuestras acciones. Asi dejamos de ver como “otro” al chico que busca comida en la basura o pide en la calle.
Porque, díganme: si se permite que reciban una mala educación y que se corrompan sus costumbres desde niños, para castigarlos luego cuando son hombres por los delitos que ya desde su infancia se preveía que irían a cometer, ¿qué otra cosa están haciendo sino engendrar ladrones para después castigarlos?
(Utopía, Tomas Moro)
Cualquier similitud con la realidad, no es mera coincidencia, y el título de este libro no es equivocación, solo que en el fragmento transcripto se realza una Utopia, la de algunos.
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